La DGT ha publicado recientemente las cifras oficiales sobre la siniestralidad en 2017, produciéndose en España 102.233 accidentes de tráfico con víctimas, en los que perdieron la vida 1.830 personas. España ocupa la octava posición en Europa con una tasa de fallecidos por millón de habitantes de 39, situándose la media europea en 50.

El 72% de las víctimas mortales, 1.321, fue en vías interurbanas, de las cuales un 77%, 1.013, fue en vías convencionales. Asimismo, un tercio de los conductores fallecidos presentó alcoholemia o consumo de drogas y otro tercio de los accidentes de las vías interurbanas tuvo como factor principal la distracción.

El factor humano en la siniestralidad se ve incrementado cuando el conductor no realiza un mantenimiento responsable de su vehículo, causa directa de una mejora cuantitativa y cualitativa de la seguridad vial.

Durante los meses de julio y agosto, la DGT prevé que se realicen 89,3 millones de desplazamientos de vehículos por carretera. Por tanto, teniendo en cuenta que la antigüedad del parque español es de 12 años y que media de los vehículos en los que viajaban las víctimas mortales de accidentes en carretera en 2017 fue de 13,2 años en turismo, que es donde más se producen, “el mantenimiento del vehículo es más que indispensable para nuestra seguridad en carretera, de ahí las continúas campañas realizadas por la DGT o la Guardia Civil para la vigilancia del buen estado de los neumáticos, entre otros puntos de seguridad” destaca Miguel Ángel Cuerno, Presidente de OPEN.

Según el último estudio realizado por Tráfico, el riesgo de fallecer o sufrir una lesión con hospitalización aumenta con la antigüedad del vehículo. El riesgo de fallecimiento es 1,6 veces superior en los turismos de 10 a 14 años y 2,2 veces superior en los turismos de 15 a 19 años si los comparamos con vehículos de hasta 4 años. La relación entre riesgo y antigüedad hace que el mantenimiento correcto de todos los elementos de seguridad se conviertan en una actividad imprescindible para la seguridad vial

Los neumáticos son el único y decisivo elemento que contacta con la carretera. Aseguran la adherencia y se encargan de que la dirección del recorrido del vehículo sea la deseada por el conductor y de la amortiguación de las imperfecciones del pavimento.

Más de un millón de los vehículos, un 5% del parque, circula con defectos graves en las ruedas,  llevando una profundidad del dibujo inferior al mínimo legal de 1,6 mm, teniendo un desgaste irregular o circulando con una presión incorrecta.

Antes de un largo viaje y regularmente, es necesario comprobar la presión del neumático en frío y la rueda de repuesto, así como revisar posibles fugas de aire por las válvulas.